«No voy a buscar a alguien que no quiere que la encuentren»: La Geografía del Alma en Una Quinta Portuguesa (2024)
ace unos días vi Una quinta portuguesa (2024), la segunda película de Avelina Prat, y todavía estoy procesando lo que sentí. Esta cinta, protagonizada por un Manolo Solo espectacular y una María de Medeiros que te roba el corazón, es de esas historias que te envuelven despacito, como una tarde de verano en un jardín lleno de almendros. Es un drama íntimo, con un toque de suspense, que habla de cosas tan universales como la identidad, el desarraigo y la búsqueda de un lugar donde encajar. Si te gustó Vasil, la ópera prima de Prat, prepárate, porque esta película sube el listón.
Una historia que florece a fuego lento
La película arranca con Fernando (Manolo Solo), un profesor de geografía en Valencia, cuya vida se desmorona cuando su esposa serbia, Milena, desaparece sin dejar rastro. La policía le confirma que cruzó la frontera hacia Serbia, su país natal, y él, devastado, decide no ir tras ella: «No voy a buscar a alguien que no quiere que la encuentren», dice, con esa mezcla de dolor y resignación que Solo clava en cada mirada. Su vida, antes ordenada como los mapas que tanto ama, se convierte en un caos. Sin rumbo, Fernando deja Barcelona y termina en Portugal, donde, por un giro del destino, asume la identidad de Manuel, un jardinero fallecido, y empieza a trabajar en una quinta portuguesa llena de almendros.
En esa finca conoce a Amalia (María de Medeiros), la dueña, una mujer elegante y melancólica con un pasado marcado por el colonialismo portugués. Entre ellos nace una amistad inesperada, construida en silencios, miradas y pequeños gestos que dicen más que cualquier diálogo. La película no te lo da todo masticado; te invita a entrar en su ritmo pausado, a caminar por los jardines de la quinta, a sentir el peso de las ausencias y la esperanza de los nuevos comienzos.
La geografía del alma
Lo que más me fascina de Una quinta portuguesa es cómo Avelina Prat convierte la búsqueda de identidad en algo tangible, casi físico. Fernando, que enseñaba a sus alumnos que los mapas ordenan el caos del mundo, intenta dibujar un nuevo mapa para su vida. Pasa de estudiar la tierra a trabajarla con sus manos, aprendiendo a cuidar plantas mientras intenta sanar sus propias heridas. Amalia, por su parte, describe la quinta como su «libertad y su prisión», un lugar donde encontró refugio pero también un recordatorio de su desarraigo. Su frase, «Yo no pertenecía ni allí ni aquí, mi patria era el colonialismo», es un puñetazo al corazón, y María de Medeiros la entrega con una vulnerabilidad que te deja sin aliento.
La película explora la idea de que la identidad no es algo fijo, sino algo que se construye con el tiempo, con las personas que te rodean y los lugares que eliges habitar. No se trata de dónde naces, sino de dónde decides quedarte. Y en esa quinta, rodeada de naranjos, perejil y almendros, Fernando y Amalia encuentran un espacio para recomponerse, para ser algo más que sus pasados.
Un guion que respira humanidad
El guion de Prat es una maravilla. Es de cocción lenta, como un buen guiso, pero está lleno de giros que te mantienen enganchado. No es un thriller al uso, pero tiene ese aire de suspense que te hace querer saber más: ¿por qué se fue Milena? ¿Qué esconde Fernando? ¿Cuál es el pasado de Amalia? La directora no te da todas las respuestas, y eso es parte de la magia. Como ella misma dijo en una entrevista, si seguimos el punto de vista de Fernando, no sabemos más de lo que él sabe. Me parece un acierto, porque evita caer en explicaciones tramposas y deja que el espectador llene los huecos con su propia imaginación.
Además, Prat usa el fuera de campo como nadie. Hay momentos en los que lo que no se ve es tan importante como lo que está en pantalla. Una sombra, un silencio, una mirada furtiva… todo cuenta la historia. Y qué decir de las interpretaciones: Manolo Solo está soberbio, con esa contención que hace que cada gesto suyo sea un mundo. María de Medeiros es puro magnetismo; su Amalia es serena pero cargada de melancolía, como si llevara el peso de varias vidas. Los secundarios, como Branka Katić y Rita Cabaço, completan un reparto que brilla por su naturalidad.
La quinta como refugio y espejo
La quinta portuguesa no es solo un escenario; es casi un personaje más. Rodada en Ponte de Lima, en el norte de Portugal, la finca es un lugar de una belleza serena, con jardines que reflejan el estado emocional de los protagonistas. Los almendros, las luces y sombras, la tranquilidad de la noche… todo está filmado con una delicadeza que recuerda al cine de Víctor Erice o incluso al maestro portugués Manoel de Oliveira. La cámara de Prat se mueve con suavidad, capturando la vida cotidiana con un lirismo que te abraza.
En la quinta, Fernando encuentra un refugio donde puede ser Manuel, pero también un espejo que le obliga a enfrentarse a sus fantasmas. Amalia, con su pasado colonial y su grupo de amigos «fantasmas» que se reúnen cada año a jugar a las cartas, es otro reflejo de esa búsqueda de pertenencia. Hay una escena preciosa en la que estos amigos, todos expatriados como ella, apuestan cosas intangibles en una partida de cartas, como si estuvieran negociando pedazos de sus identidades. Es un momento mágico, de esos que te hacen querer quedarte un poco más en esa mesa, escuchando sus historias.
Un cine que reconcilia con lo humano
Si algo me llevo de Una quinta portuguesa es su capacidad para reconciliarte con la bondad. En un mundo donde parece que ser cínico está de moda, esta película apuesta por la empatía, por la conexión humana. No es cursi ni edulcorada; es honesta. Los personajes no son perfectos, tienen heridas, dudas, secretos, pero eligen seguir adelante, encontrar un lugar donde florecer, como los almendros de la quinta.
La crítica la ha recibido con los brazos abiertos, y no es para menos. Publicaciones como El Mundo la han llamado «una de las anomalías más brillantes del cine español», mientras que Cinemanía alabó su «guion delicioso». En el Festival de Málaga y en BAFICI, donde fue nominada a mejor película, conquistó a público y prensa. Y en taquilla, según Audiovisual451, llegó a estar en el top 2 en España, lo cual es un logro para una cinta tan íntima.
[](https://www.elmundo.es/cultura/cine/2025/05/08/681b279c21efa041368b4579.html)[](https://www.audiovisual451.com/avelina-prat-maravilla-a-critica-y-publico-con-una-quinta-portuguesa-que-alcanza-el-top-2-de-la-taquilla-espanola/)Preguntas frecuentes (FAQ)
¿De qué trata *Una quinta portuguesa*?
Es un drama sobre Fernando, un profesor de geografía que, tras la desaparición de su esposa, asume la identidad de un jardinero en una finca portuguesa. Allí, entabla una amistad con la dueña, Amalia, mientras ambos exploran temas como la identidad, el desarraigo y las segundas oportunidades.
¿Quiénes son los actores principales?
Manolo Solo interpreta a Fernando, María de Medeiros a Amalia, y el reparto lo completan Branka Katić y Rita Cabaço, entre otros.
¿Es similar a *Vasil*, la primera película de Avelina Prat?
Sí, comparte temas como la soledad, la conexión humana y la búsqueda de un lugar en el mundo, pero Una quinta portuguesa tiene un tono más melancólico y un toque de suspense que la hace única.
¿Dónde puedo ver la película?
Se estrenó en cines el 9 de mayo de 2025 tras pasar por festivales como Málaga y BAFICI. Pronto estará disponible en plataformas como Movistar+ o Filmin, siguiendo el camino de Vasil.
[](https://www.filmax.com/noticias/993/una-quinta-portuguesa-de-avelina-prat-compite-en-la-seccion-oficial-internacional-de-bafici-buenos-aires)[](https://www.audiovisual451.com/avelina-prat-maravilla-a-critica-y-publico-con-una-quinta-portuguesa-que-alcanza-el-top-2-de-la-taquilla-espanola/)¿Por qué debería verla?
Por su historia humana, las actuaciones magistrales de Solo y Medeiros, y la forma en que Prat convierte lo cotidiano en algo profundamente poético. Es una película que te hace pensar y sentir.
Conclusión
Una quinta portuguesa es de esas películas que te abrazan y no te sueltan. Avelina Prat ha creado una historia que, con su ritmo pausado y su humanidad desbordante, te invita a reflexionar sobre quién eres y dónde quieres estar. Manolo Solo y María de Medeiros están inmensos, y la quinta, con sus almendros y sus silencios, se queda contigo mucho después de los créditos. Si buscas una película que combine drama, suspense y una buena dosis de esperanza, no te la pierdas. Ojalá pudiéramos quedarnos un poco más en esa finca, viendo cómo florecen los almendros.

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