# Luis Buñuel. In memoriam. 29/7/1983
El Genio se DespideA veces, una película no solo marca el cierre de una filmografía, sino que resume todo un universo artístico. Así me ocurrió con "Ese Oscuro Objeto del Deseo" (1977), la despedida inolvidable de Luis Buñuel. Hoy, justo 42 años después de su muerte, no puedo evitar repasar ese impacto que me provocó al verla de estreno. Porque sí, para mí fue extraordinaria; una de esas películas que perforan el alma y se quedan rodando en la memoria.
Sinopsis — Un Viaje de Deseo y FrustraciónLa película arranca en un andén ferroviario – una escena brillante, casi teatral – en la que vemos a Mathieu (interpretado por el enorme **Fernando Rey**) relatando su tormentosa relación con Conchita a otros pasajeros. El recurso de contar una historia dentro de otra me fascinó entonces, y aún hoy me parece magistral como dispositivo narrativo. La genialidad de Buñuel se despliega en la mezquindad y obsesión de Mathieu, el caballero maduro, que cae una y otra vez en las trampas de una joven bailarina, Conchita, quien jugará magistralmente con su deseo y humillación. Lo original –y tremendamente efectivo– es que dos actrices (Ángela Molina y Carole Bouquet) interpretan, alternativamente, a Conchita. Rara vez el cine se atreve con semejante mecanismo para sugerir la dualidad, lo esquivo, lo insondable del deseo.
Buñuel, Surrealismo y el Juego de IdentidadesSé que a muchos les resulta desconcertante ver dos rostros para un solo personaje. Pero, a mi juicio, es una de las grandes apuestas de Buñuel. En vez de recurrir a una actriz haciendo de gemelas (algo más común), Buñuel invierte el truco para reflejar el enigma femenino. Ambas Conchitas son la misma y no; inocencia y perversidad alternándose a capricho. ¿Quién no se ha sentido así, ante el objeto de su deseo? El film juega con la ambigüedad del deseo, con la idea de que no hay acceso total al otro. Cada escena, cada réplica parece lanzarse desde la ironía y la sorna: Buñuel no deja títere con cabeza. Me fascina esa socarronería aragonesa, ese humor tan seco y disimulado que para algunos puede pasar desapercibido pero que, cuando lo pillas, te arranca una sonrisa.
Fernando Rey, el Eterno Actor FeticheSi Buñuel tiene una voz autoral en el cine, Fernando Rey** es su eco más fiel. Aquí está en estado de gracia: vulnerable, altanero, ridículo y patético... todo a la vez. Cuando lo vi por primera vez, reconocí esa mirada cansada y a la vez ilusionada que sólo un amante puede mostrar. Las réplicas, los gestos, el desasosiego, todo está medido al milímetro. Para Buñuel, Rey era algo más que un actor: era un puente entre el surrealismo contenido y el melodrama polvoriento. En "Ese Oscuro Objeto del Deseo" brilla, pero también se rinde a la niebla del deseo, como si fuera el último acto de una larga función.
El Erotismo y el Humor SutilNo todos los espectadores captan a la primera la ironía y el erotismo retorcido de este film. Aquí el deseo nunca se consuma del todo; siempre hay una puerta abierta, un velo a punto de arrancarse... pero que se vuelve a colocar. Es un juego de frustraciones, de observar cómo Mathieu intenta poseer lo inasible. Buñuel siempre supo retratar como nadie la línea fina entre la obsesión y el amor, el ridículo y lo sublime. Recuerdo con especial nitidez ese humor elegante, casi inglés, que bucea entre lo absurdo y lo absurdo pero real. Toda la película parece decir: "No te tomes nada demasiado en serio", y a la vez, todo importa profundamente.
El Tren como Espacio de MemoriaHay que detenerse en ese recurso magnífico del tren: espacio de tránsito, metáfora del viaje interior del protagonista. En el compartimento, Mathieu se confiesa ante desconocidos, como si todo lo que importara sólo pudiera decirse al filo del anonimato. Cada vuelta del tren es un bucle del deseo que nunca llega a destino.
¿Por Qué No Está Tan Valorada?Me da pena comprobar, aún hoy, que "Ese Oscuro Objeto del Deseo" sigue siendo una obra menospreciada dentro de la filmografía de Buñuel. Quizás porque no es tan estridente ni tan iconoclasta como "Viridiana" o "El ángel exterminador", pero en su delicadeza y su forma lúdica encierra el testamento estético de uno de los más grandes. Si Buñuel hubiera hecho una película más tras esta, no me cabe duda de que sería innecesaria. Aquí condensó todo: el surrealismo, la crítica social, la mordacidad y el misterio. Un verdadero broche de oro.
FAQs sobre "Ese Oscuro Objeto del Deseo" y Luis Buñuel¿Por qué dos actrices para un solo personaje? Buñuel utiliza a Ángela Molina y Carole Bouquet para representar las dos caras, contradictorias e inexplicables, del deseo y la feminidad. Es una forma de subrayar la imposibilidad de poseer plenamente a "ese oscuro objeto" que fascina y atormenta al protagonista. ¿Qué simboliza el tren en la película? El tren simboliza el viaje interior, la incesante búsqueda de un sentido, de un destino que parece escaparse a cada estación. También representa el tránsito entre la confesión privada y la exposición pública de los deseos. ¿Qué temas son recurrentes en la obra de Buñuel? Destacan el surrealismo, la crítica feroz a las convenciones sociales y religiosas, el erotismo sutil, la ironía y el humor negro. Todo ello se amalgama magistralmente en su última película. ¿Es una película accesible para quien no conoce a Buñuel? Si tienes curiosidad estética y mente abierta para aceptar juegos narrativos inusuales, te fascinará. Si esperas realismo convencional, posiblemente te pierdas los matices y el gozo de perderte en su laberinto. ¿Dónde puedo ver "Ese Oscuro Objeto del Deseo" actualmente? La película está disponible en plataformas de cine clásico y en algunas colecciones de DVD/BluRay dedicadas a Buñuel. Es recomendable buscar ediciones restauradas para disfrutar plenamente la fotografía y la sutileza de cada plano.
Conclusión: Un Último Brindis con BuñuelHay despedidas que son celebraciones: así veo yo "Ese Oscuro Objeto del Deseo". Una película que aúna todo el genio de Buñuel, y que demuestra que el deseo es, ante todo, inasible, cambiante y misterioso. No hay nada más buñuelesco que esa ironía final, ese guiño al espectador que jamás tendrá todas las respuestas. Hoy, más de cuatro décadas después de su adiós, me gusta volver a ese andén, escuchar la historia de Mathieu y su Conchita y recordar que el gran cine sigue siendo, ante todo, una invitación a perdernos en lo inexplicable. Gracias, maestro Buñuel, por enseñarme a mirar el mundo de otra manera.

Comentarios
Publicar un comentario