El regreso de Colomo: ligero, irónico y fresco
Hay películas que no necesitan grandes presupuestos ni efectos espectaculares para brillar. Solo un buen guion, un reparto con chispa y un director que sepa dónde poner el ojo. Las delicias del jardín (2025), el nuevo trabajo de Fernando Colomo, es justamente eso: una comedia ligera, algo gamberra y tremendamente reflexiva que me dejó con una sonrisa al salir de la sala. Y lo digo después de mucho tiempo echando de menos ese tipo de cine español que divierte sin complejos.
En este film, Colomo se pone también delante de la cámara junto a un reparto lleno de caras conocidas como Carmen Machi, Antonio Resines, María Hervás y su propio hijo Pablo Colomo. La película juega con ideas sobre el arte, la superficialidad, el peso de la tradición y, sobre todo, con la capacidad de reírnos de nosotros mismos. Todo ello con un tono a medio camino entre lo absurdo y lo intelectual, algo que en el cine español no siempre termina funcionando, pero aquí vibra.
¿De qué va la historia?
El protagonista, Fermín (interpretado nada menos que por el propio Fernando Colomo), es un pintor abstracto reconocido, pero en plena crisis personal y económica. Encima, lidia con un temblor en la mano que amenaza con cortar de raíz su carrera.
Su ex mujer y galerista, Pepa (la genial Carmen Machi), le propone concursar en un certamen millonario versionando nada menos que el tríptico de El Bosco: “El jardín de las delicias”. Fermín rechaza de entrada la idea, pero dos hechos le obligan a replanteárselo: la notificación de embargo de sus cuentas bancarias y la aparición repentina de su hijo Pablo (Pablo Colomo), también pintor pero defensor del arte figurativo.
Padre e hijo, con estilos artísticos y visiones vitales opuestas, tendrán que aparcar resentimientos y aprender a colaborar en la creación de una versión moderna de la icónica obra de El Bosco.
El punto de partida ya plantea un dilema tan divertido como estimulante: ¿hasta dónde llega el ego del artista y dónde empieza la necesidad de sobrevivir?
Un humor muy Colomo: entre lo absurdo y lo intelectual
Lo interesante de esta película es que, aunque se presenta como una comedia ligera, no se limita a lanzar chistes fáciles. Colomo juega con la ironía y con temas más serios como el síndrome del impostor, la hipocresía artística o la tendencia a dejarse arrastrar por discursos dominantes vacíos.
Aun así, no se toma demasiado en serio a sí misma, y ahí está su gracia. El tono recuerda a un Woody Allen a la española, aunque con el desparpajo y el costumbrismo que Colomo siempre ha sabido imprimir a sus relatos. Es un cine que no pretende sermonearte, más bien invitarte a reflexionar entre risas.
Una fotografía atrevida: solo con móviles
Lo que más me sorprendió es que José Luis Alcaine, uno de los grandes directores de fotografía europeos, decidió rodar toda la película únicamente con móviles. Esto aporta una frescura enorme: mucho movimiento de cámara, imágenes espontáneas y una naturalidad que sería impensable con equipos más pesados.
Por supuesto, se sacrifica parte de la calidad visual, pero al ver lo orgánico que resulta todo, puedo asegurar que la apuesta funciona. Esa imperfección le sienta muy bien a un proyecto que busca acercar al espectador a la intimidad y a lo improvisado del proceso creativo.
El reparto: colaboraciones y cameos de lujo
Aunque Colomo y su hijo lleven gran parte del peso dramático, Carmen Machi se roba cada escena donde aparece. Su carisma y su capacidad para equilibrar humor con profundidad emocional son de lo mejor de la cinta.
Los cameos de Brays Efe, María Hervás, Luis Bermejo y Antonio Resines aportan dinamismo y momentos cómicos inesperados que refrescan todavía más la historia. Son pequeñas apariciones, pero ayudan a mantener el tono entre ligero y satírico.
Temas que se esconden tras la risa
Entre carcajadas, la película también lanza guiños a cuestiones relevantes del mundillo artístico y social:
El síndrome del impostor, tan común entre creadores.
La superficialidad del mercado del arte y su dependencia de discursos vacíos.
La memoria versus la innovación, como reflejan padre e hijo.
La hipocresía del artista contemporáneo, que alterna genialidad con postureo.
Todo tratado con un humor ácido pero nunca cruel. Porque de eso se trata: reírse incluso de uno mismo mientras se piensa un poquito en lo que acabamos de ver.
Mi experiencia con la película
Salí con la sensación de haber pasado hora y media muy agradable, con momentos que invitan a la sonrisa sincera, pero también con la sorpresa de que entre tanto chiste se escondían reflexiones bastante serias. Ese equilibrio es justo lo que me hizo recuperar la fe en un tipo de cine español que sabe ser gamberro sin caer en lo burdo.
No es una obra trascendental ni pretende serlo, pero sí un divertimento muy necesario en un panorama a veces demasiado solemne. Y eso, cuando hablamos de cine, vale oro.
FAQ
¿Dónde se ha rodado la película?
Se rodó en diferentes localizaciones urbanas y talleres artísticos, con una propuesta visual muy íntima gracias al uso de móviles para toda la fotografía.
¿Cuánto dura “Las delicias del jardín”?
La película dura aproximadamente hora y media, una duración perfecta para lo ligera y ágil que resulta.
¿Es necesaria conocer el cuadro de El Bosco antes de verla?
No, no hace falta. Aunque conocer la obra añade valor, la película se explica por sí misma y cualquiera puede disfrutarla.
¿Es una comedia accesible para todo el público?
Sí, su tono ligero y su humor irónico la hacen accesible, aunque los guiños al mundo artístico resulten especialmente divertidos para quienes estén familiarizados con él.
¿Qué tal están las interpretaciones?
Muy destacables. Fernando Colomo sorprende como actor, Carmen Machi brilla con desparpajo y los cameos son un regalo.
Conclusión
Las delicias del jardín (2025) es una de esas películas que recuerdan que el cine puede ser ligero y estimulante al mismo tiempo. Divierte, conecta, y además deja un poso crítico sobre el mundo del arte y las contradicciones humanas. Quizá no sea perfecta ni técnicamente brillante en todos los aspectos, pero lo que busca —hacerte pasar un buen rato y arrancarte una sonrisa— lo consigue sobradamente.
Para mí, es uno de los divertimentos más agradecidos de este año en la cartelera española.
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